La sórdida y macabra historia de la CIA en Oriente Medio

En julio de 1957, tras un golpe de estado fallido de la CIA en Siria, el senador John F. Kennedy, enfureció a toda la Casa Blanca de Eisenhower, a los líderes de ambos partidos políticos y a sus aliados europeos con un discurso mítico en el que se mostraba favorable al derecho de auto-determinación en el mundo árabe y a poner fin a la injerencia imperialista de los Estados Unidos en los países árabes, recordando a Estados Unidos los altos valores que ese país había defendido en “La Carta del Atlántico” en la cual, entre otras cosas, se consiguió la promesa formal de que todas las antiguas colonias europeas tendrían el derecho a la libre determinación después de la Segunda Guerra Mundial. Franklin D. Roosevelt obligó a Winston Churchill y a los otros líderes aliados a firmar la Carta del Atlántico en 1941 como una condición previa para el apoyo de Estados Unidos en la guerra europea contra el fascismo.

Sin embargo, gracias en gran parte a Allen Dulles y la CIA, cuya política exterior de intrigas estaban a menudo totalmente en desacuerdo con las políticas establecidas por su gobierno, el camino idealista esbozado en la Carta del Atlántico nunca se llegó a recorrer.

En 1957, Joseph P. Kennedy, ya participó en una comisión secreta encargada de investigar las injerencias clandestinas de la CIA en Medio Oriente. Como resultado de esa comisión, se redactó el llamado Informe Bruce_lovett, en el que se describen las actividades de la CIA en los golpes de estado de Jordania, Siria, Irán, Irak y Egipto. El informe le atribuyó a la CIA el creciente antiamericanismo que fue echando raíces en  muchos países de todo el mundo incluidos los no musulmanes. El mismo informe también señaló que este tipo de intervenciones eran la antítesis de los valores estadounidenses y que habían puesto en peligro el liderazgo internacional de Estados Unidos y su autoridad moral con el agravante que ni siquiera la población estadounidense era conocedora de esas actividades y en la mayoría de las ocasiones, tampoco el propio gobierno.

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John Foster Dulles (derecha) y su hermano, Allan Dulles

La CIA comenzó su intromisión activa en Oriente Medio en 1949, apenas un año después de la creación de la agencia. Durante la década de 1950, el presidente Eisenhower y los hermanos Dulles – el director de la CIA Allen Dulles, y el secretario de Estado John Foster Dulles – rechazaron propuestas de tratados soviéticos para salirse de Oriente Medio y declararlo una zona neutral en la Guerra Fría. En lugar de ello, montaron una guerra clandestina contra el nacionalismo árabe.

Allen Dulles, equiparaba al nacionalismo árabe con el comunismo, particularmente cuando el autogobierno árabe amenazaba las concesiones petroleras. La CIA empezó a bombear ayuda militar estadounidense secreta a los tiranos de Arabia Saudita, Jordania, Irak y el Líbano para favorecer a marionetas con ideologías yihadistas conservadoras que ellos consideraban como un antídoto fiable al marxismo soviético.

La CIA en Irán

En 1953, Roosevelt y Stone orquestaron un golpe de estado en Irán contra el presidente democráticamente electo Mohammed Mosaddegh, porque Mosaddegh trató de renegociar los términos de los contratos petroleros de Irán con el gigante petrolero británico Anglo-Iranian Oil Company (ahora BP). Mosaddegh fue el primer líder elegido democráticamente en los más de 4.000 años de historia de Irán y un líder popular para la democracia en todos los países en desarrollo de la época.

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Mohammed Mosaddegh

Mosaddegh expulsó a todos los diplomáticos británicos, después de descubrir un intento de golpe de estado por oficiales de inteligencia del Reino Unido que trabajan en connivencia con la BP. Mosaddegh, sin embargo, cometió el fatal error de resistir a las súplicas de sus consejeros para expulsar también a la CIA, que, como se sospecha, fue cómplice de la trama británica.

Mosaddegh tenía idealizado a los EE.UU. como un modelo para la nueva democracia de Irán y le consideraba incapaz de tales artimañas. Cuando Eisenhower asumió el cargo en enero de 1953, se desencadenaron inmediatamente los planes de Dulles logrando derrocar a Mosaddegh en la llamada “Operación Ajax“. Stone y Roosevelt instalaron en el gobierno al Shah Reza Pahlavi, que favorecía a las compañías petroleras, y que después de dos décadas de salvajismo hacia su propio pueblo, desde el trono del pavo real, y con el patrocinio de la CIA terminó provocando que se encendiera la llama de la revolución islámica de 1979.

La CIA en Siria

Ya durante la 1ª guerra mundial, un grupo de patriotas sirios habían declarado la guerra a los nazis, expulsado a sus gobernantes coloniales franceses de Vichy y elaborado una democracia secular frágil aún pero basada en el modelo norteamericano.

En marzo de 1949, el presidente democráticamente elegido de Siria, Shukri-al-Quwatli, planteó una serie de dudas para aprobar el oleoducto trans-árabe, un proyecto norteamericano destinado a conectar los campos de petróleo de Arabia Saudita con los puertos del Líbano a través de Siria.

Oleoducto trans-arabe

Oleoducto trans-árabe de Juabail a Sidón, en color naranja

En su libro, “Legado de Cenizas“, el historiador de la CIA Tim Weiner relata que en venganza por la falta de entusiasmo por el oleoducto estadounidense de Al-Quwatli, la CIA diseñó un golpe de estado para reemplazar a al-Quwatli por un dictador elegido a dedo desde la CIA; un estafador convicto llamado Husni al- Za’im. Al-Za’im apenas tuvo tiempo de disolver el Parlamento y aprobar el oleoducto estadounidense antes de que sus propios compatriotas, lo depusieran cuatro y meses y medio después del golpe de estado.

Tras varios contragolpes de estado en el país recientemente desestabilizado, el pueblo sirio intentó de nuevo la democracia en 1955, reeligiendo a al-Quwatli y su Partido Nacional. Al-Quwatli seguía siendo un neutralista de la Guerra Fría, pero, picado por la participación estadounidense en su salida del gobierno, ahora se inclinó hacia el campo soviético. Esa postura llevó al director de la CIA Dulles a declarar que “Siria volvía a estar madura para un nuevo golpe de Estado” y enviar a sus dos asistentes de golpes de Estado, Kim Roosevelt y Rocky Stone, a Damasco.

Según nos cuenta John Prados en su libro “The Secret Wars of the CIA”. Tras su exitosa Operación Ajax en Irán, Stone volvió de nuevo a Damasco en abril de 1957 con tres millones de dólares para armar e incitar a los militantes islámicos y sobornar a oficiales y políticos sirios para derrocar el régimen secular de al-Quwatli. En colaboración con la Hermandad Musulmana, Rocky Stone planeó asesinar al jefe de la inteligencia Siria, al jefe de su Estado Mayor y al jefe del Partido Comunista, y como estrategia de distracción, diseñaron distintas conspiraciones tanto a nivel nacional como en Irak, Líbano y Jordania para que pudieran ser atribuidas a los baasistas sirios.

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Shukri al-Quwatli

Pero todo ese dinero de la CIA no pudo corromper a todos los oficiales militares sirios informando algunos de ellos del intento de soborno de la CIA al régimen baasista. En respuesta, el ejército sirio invadió la Embajada de Estados Unidos, reteniendo a Stone prisionero. Después de duros interrogatorios, Stone terminó realizando una confesión televisada de su papel en el golpe de estado iraní y en el intento de la CIA para derrocar al gobierno de Siria. Finalmente, los sirios expulsaron a Stone y dos empleados de la embajada estadounidense, siendo esta la primera vez que un diplomático del Departamento de Estado estadounidense fue expulsado de un país árabe. La Casa Blanca de Eisenhower rechazó rotundamente la confesión de Stone y la calificó como de “fabricaciones” y “calumnias”, una negación que fue aceptada por entero por toda la prensa estadounidense, empezando por el New York Times y como consecuencia por todo el pueblo estadounidense, que compartía la misma visión idealista que Mosaddegh de su gobierno.

Siria purgó a todos los políticos que simpatizaban con los EE.UU. y ejecutaron por traición a todos los oficiales militares asociados con el golpe. En represalia, los EE.UU. cambiaron la Sexta Flota al Mediterráneo, amenazando con la guerra y aguijoneando a Turquía para invadir Siria. Los turcos reunieron  a casi 50.000 soldados en las fronteras de Siria y solo dieron marcha atrás con la oposición unificada de la Liga Árabe, cuyos líderes estaban furiosos por la intervención de Estados Unidos.

Incluso después de su expulsión, la CIA continuó sus esfuerzos secretos para derrocar al gobierno baasista de Siria. La CIA conspiró con el MI6 de Gran Bretaña para formar un “Comité Siria libre” y armar a los Hermanos Musulmanes para asesinar a tres funcionarios del gobierno sirio, que habían ayudado a destapar “la trama estadounidense”, según nos cuenta Mateo Jones en su libro “El ‘Plan Preferido’: El Anglo -American informe del grupo de trabajo sobre acción encubierta en Siria, 1957”.  Como resultado de todas estas actuaciones de la CIA, Siria se alejó aún más de los EE.UU. y se acercó más a Rusia y Egipto.

La CIA en Irak

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Nuri al-Said

Tras el segundo intento de golpe de Estado sirio, disturbios anti-estadounidenses sacudieron el Medio Oriente desde el Líbano a Argelia. Entre esas revoluciones, estuvo la del 14 de julio de 1958, dirigida por la nueva ola de los agentes anti-estadounidenses del Ejército que derrocaron al monarca pro-estadounidense de Irak, Nuri al-Said. Los líderes del golpe publicaron documentos secretos del gobierno, dejando al descubierto a Nuri al-Said como un títere de la CIA muy bien pagado. En respuesta a la traición de Estados Unidos, el nuevo gobierno iraquí invitó a los diplomáticos y asesores económicos soviéticos a Irak y dió la espalda a Occidente.

Después de haber alienado a Irak y Siria, Kim Roosevelt abandonó el Medio Oriente para trabajar como un ejecutivo de la industria del petróleo a la que tan bien había servido durante su carrera de servicio público en la CIA.

Cinco años más tarde, la CIA finalmente logró deponer al presidente iraquí y e instalar al partido Baas en el poder en Irak. Un joven y carismático llamado Saddam Hussein fue uno de los distinguidos líderes del equipo Ba’athista de la CIA y quien años después diría, “Llegamos al poder en un tren de la CIA” según cuenta en su libro “Una Amistad Brutal: la Occidental y la élite árabe”, Said Aburish, periodista y autor. Aburish relató que la CIA le suministró a Saddam y sus secuaces una lista de personas que “había que eliminar de inmediato con el fin de asegurar el éxito”. Tim Weiner escribe que Critchfield reconoció más tarde que fue la CIA quien, en esencia, había “creado a Saddam Hussein”.

Durante los años de Reagan, la CIA estuvo apoyando a Saddam Hussein con miles de millones de dólares para la formación y apoyo de las fuerzas especiales, en armas y en inteligencia del campo de batalla, sabiendo que él estaba usando a su vez gas mostaza,  gas nervioso y armas biológicas en su guerra contra Irán. Reagan y su director de la CIA, Bill Casey, consideraban a Saddam como un amigo potencial para la industria petrolera de Estados Unidos y una barrera resistente contra la propagación de la Revolución Islámica de Irán. Al mismo tiempo, la CIA estaba suministrando ilegalmente al enemigo de Saddam, Irán, miles de misiles antitanque y antiaéreos para luchar contra Irak, un crimen que se hizo famoso durante el escándalo de “Irán-Contra”.

Los ecos de las décadas de chanchullos de la CIA siguen resonando hoy en todas las ciudades del Medio Oriente, en las mezquitas y en las escuelas Madras y todo ello sobre un  paisaje destrozado de intentos de democracia e Islamismo moderado que la CIA ayudó a destruir.

El desfile de dictadores que han surgido tanto en Irán como en Siria, entre ellos, Bashar al-Assad y su padre, han invocado la historia de sangrientos golpes de la CIA como pretexto para su gobierno autoritario, tácticas represivas y su necesidad de una fuerte alianza de Rusia.

Mientras que la prensa estadounidense y la de la mayoría de los países occidentales han seguido con su narrativa de que el apoyo militar a la insurgencia siria es puramente humanitario, muchos árabes ven la crisis actual como otra guerra de poder sobre los oleoductos y la geopolítica.

 

Fuentes:
Político
Wikipedia
Legado de Cenizas de Tim Weiner
The Secret Wars of the CIA de John Prados
Una Amistad Brutal: la Occidental y la élite árabe de Said Aburish